Feed on Posts or Comments 29 July 2010

Uncategorized Patrick on 12 Aug 2007 09:49 am

VEN Y VIVE LA MONTAÑA RUSA

Ya hace un tiempo un vecino me comentó que estaba buscando un departamento para mudarse pero tenía un requerimiento muy particular. Buscaba un inmobiliario que de preferencia se encontrara al interior de un condominio aunque podía ser flexible y aceptar uno que se encontrara en un edificio, pero eso sí, que el apartamento no quedara muy lejos del primer piso. El de por sí ya le tiene miedo a las alturas y no le gustaría asomarse por la ventana de un apartamento que se encuentre localizado en un cuarto o quinto piso o incluso más arriba.

 

            Su acrofobia había empezado a los ocho años de edad cuando sus padres lo llevaron  aun parque de diversiones y tuvieron la infeliz idea de subirse a la famosa Montaña Rusa. Como todos sabemos este juego mecánico es no apto para cardiacos y la verdad tampoco lo debería ser para niños. Yo tuve la oportunidad de subirme a uno de estos juegos pero ya de grande y la verdad al poco me arrepentí de la decisión. Uno acudía con emoción a estos parques de diversiones con la idea de pasarla bien con los amigos. Recuerdo que tenía aproximadamente 18 años y disfrutaba de la estancia fuera de la escuela. Con emoción mis amigos y yo hicimos nuestra respectiva fila en la boletería para obtener nuestro ticket a

la Montaña Rusa, una vez conseguido este nos dirigimos presurosos a reclamar nuestra ubicación en los asientos respectivos. El acomodador nos sonrió maliciosamente al tiempo que nos invitaba a superar la reja de seguridad que nos separaba del juego mecánico, fue como un presagio que no supimos ver. Ya dispuestos en nuestros respectivos asientos solo nos respetaba esperar a que los demás asientos se llenen para partir y es que nosotros, olvidé mencionarlo, fuimos los primeros en llegar, afortunadamente no tuvimos que esperar mucho y a los pocos minutos el “viaje” comenzaba. Lo primero que se reconoce es el ruido de la carrocería contra los rieles y el corazón empieza a acelerar, unas tímidas curvas primero y después empezamos lentamente a tomar altura, más lento, más lento, casi desaceleramos por completo hasta llegar a una breve meseta para después aparecer en una caída prácticamente libre, es ahí cuando el miedo se desboca. La sarta de vagones empieza a vibrar y el viento te sopla directamente en la cara si gritas el aire frío se mete por la garganta, si no gritas el pánico te consume y el corazón se te sale del pecho. El ruido de los rieles se hace más intenso, casi ensordecedor y se mezcla con los gritos de los pasajeros que si han decidido chillar. Tres circuitos más y tu alma vuelve al cuerpo de a pocos, te das cuenta que no has muerto y que aún puedes tocarte y ver a la gente a tu alrededor y piensas en qué estabas pensando cuando decidiste subirte a esa cosa.

 

            Cuando recordé estas escenas comprendí lo que sentía mi vecino al acercarse al vértigo de las alturas y eso que hablamos de alturas estáticas. Si yo quede curado de las alturas a la edad de los 18 años cómo habría quedado el atormentado ser de mi vecino que experimentó uno de estos fogonazos de velocidad cuando apenas tenía ocho años de edad.

Trackback This Post | Subscribe to the comments through RSS Feed

Related Posts

Leave a Reply