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Uncategorized Paul on 18 Sep 2007 08:16 am

Un repaso por las remodelaciones

La semana pasada, después de pensarlo bastante y acabar mi ciclo de estudios en la universidad, llegué de visita a la casa de mi prima, quien desde hace un par de años vive en Barcelona. En realidad fue algo inesperado para ella, ya que no me esperaba de visita. Aunque ella y su esposo, un amigo mío de la escuela, me habían invitado en varias ocasiones a conocer su inmueble. Bueno, cuando estuve por fin en la puerta de su apartamento me detuve por un momento y dudé en tocar el timbre. No sé por qué, pero me parecía que tal vez iba a incomodar, por lo que sería mejor volver a mi casa. Sin embargo no me fui, el timbre sonó largo rato, y después abrió la puerta un niño. Era mi sobrino que tenía ocho años. Nos saludamos muy efusivamente, pues era más de un año que no nos habíamos visto en lo absoluto, y tan sólo habíamos hablado un par de veces durante ese lapso, y las dos oportunidades habían sido para su cumpleaños y luego para Navidad, de manera que dentro de la conversión habíamos mantenido un tono casi de festividad sin poder llegara a cosas muy familiares.

De inmediato entramos y mi prima y  mi amigo me saludaron con mucha alegría, saludo que yo les devolví con el mismo entusiasmo. Nos preguntamos muchas cosas acerca de cómo habíamos estado durante este tiempo y luego mi sobrino me jaló de la camisa y me dijo que me iba a enseñar la casa. Así que fui con él para que empezara el recorrido. Me dijo que no hace mucho habían cambiado varias cosas y que habían hecho remodelaciones.  En realidad todo el apartamento estaba muy bien organizado, tenía un tamaño mediano, y los cuartos estaban distribuidos de buena forma en espacio y tamaño.  La entrada que daba directo a la sala y comedor estaba adornada por varios objetos realizados por mi prima que tenía cierto gusto artístico, aunque no se dedicaba a ello por no haber explotado su potencial lo suficiente. En seguida estaban los muebles, que con ayuda de un amigo, que además era el agente inmobiliario que les había conseguido a buen precio el inmobiliario, habían podido conseguir. Y al centro de la sala un gran jarrón que hacía juego con las cortinas y los estantes que guardaban libros, adornos, y muchas otras cosas más.

Luego pasamos a la cocina donde la decoración era bastante sobria, lo cual contrastaba con lo cargado de los pasadizos que llevaban a los dormitorios. Estos tenían sendos cuadros y adornos, además de repisas en las que las fotos de la familia se podían contar por montón. Abundaban, en realidad por toda la casa pero de manera repartida, en cambio aquí se juntaban, formando más bien un álbum en repisas. Luego salimos al balcón. Lo mejor era la vista. Estaba en el centro de la ciudad y podíamos ver casi todo, pues la altura del edificio nos permitía esto. Fue ahí, dónde mi prima divisó un restaurante que dijo era muy bueno, y al cual debíamos ir para celebrar la visita. De esta manera, el recorrido terminó, o se postergó para después de la cena, mientras nos alistábamos para salir.

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