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Uncategorized Paul on 09 Nov 2007 08:07 am

La remodelación constante de un apartamento

Hay ocasiones en las que uno se encuentra con personas que no ve hace un buen tiempo y vive cosas sin tenerlas previstas. Eso me ocurrió a mí cuando fui al dentista la semana pasada por un dolor de muela interminablemente fastidioso y me encontré con una prima que no veía hace varios meses.

 

Yo pensaba que ella estaba fuera del país, pues la última vez que supe de ella, me enteré de que estaba tomando un avión hacia Francia, donde debía visitar a un amigo que estaba algo enfermo y que ella no había visto desde la universidad. El asunto es que yo estaba con un gran dolor de muela y me costaba mucho hablar, así que nos entendimos  a medias; ella había llevado a su hijo a una consulta con el dentista, y su turno era primero que el mío, por lo que luego de ser atendida esperó fuera del consultorio hasta que yo saliera para que vaya de visita a su apartamento.

 

Una vez que empezamos que caminar, pues el inmueble no estaba muy lejos, el dolor empezó a desaparecer y pude hablar con un poco más de claridad. Nos saludamos mejor y también nos preguntamos qué habíamos estado haciendo en los últimos meses. Hasta que llegamos al apartamento que recién había alquilado. El elevador estaba ocupado, por lo que tuvimos que subir por las escaleras hasta el cuarto piso en donde estaba viviendo ella. Su esposo aún estaba trabajando por lo que no lo pude saludar. Y ella aprovechó para decirme que cuando estaba sola, trataba de cambiar las cosas del apartamento, una especie de remodelación constante, pues no le gustaba que siempre se viera de la misma manera, “siempre las mismas flores, siempre los mismos adornos y en los mismos lugares” decía.

 

Por ello ni bien entró al apartamento, cogió un florero que contenía aún flores muy frescas y lo cambió de lugar. Haciendo lo mismo con otros adornos que se encontraban por toda la sala. Lo que casi nunca movía eran los sillones, pues eran un poco pesados para ella. Sin embargo cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo, lo hacía, ya que eso formaba parte también de su costumbre de realizar cambios permanentemente. Le pregunté si su hijo y su esposo tenían algo en contra de ello, o si lo tomaban con naturalidad, y me respondió que como siempre lo había hecho, su hijo lo tomaba como algo natural, y que incluso había adoptado un poco “esa manía, o costumbre”. Y que más bien su esposo si se había mostrado reacio a tantos cambios en el domicilio. Al principio él no decía nada porque pensaba que era algo propio de los primeros días de la mudanza, pero cuando finalmente vio que eso seguía casi a diario, le manifestó su disconformidad. Y ella tuvo que explicarle que no podía dejar de hacerlo porque era una costumbre suya.

 

Para cuando terminó de contarme todo eso, la casa a la que llegué había desaparecido y todo a mi alrededor estaba totalmente diferente. Me pude dar cuenta de lo que debería sentir el esposo de mi prima al llegar cada día a un lugar distinto. Me di cuenta de ello y también de lo tarde que era; estaba retrasado una hora para encontrarme con un compañero de trabajo y debía correr. El tiempo había volado.

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