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Uncategorized Paul on 03 Oct 2007 06:27 am

La imagen que vale más que mil palabras

A pesar de que todos contamos con libertad de expresión, esta se termina evidentemente cuando se agrede a alguien. Y no sólo de manera física, sino también mediante otras modalidades como por ejemplo el agravio, el insulto, o cualquier otro hecho o acción que pueda ser tomado como una ofensa directa sobre otra persona. Ello se puede tomar como base muy claramente para empezar a analizar el caso de que unas personas hayan quemado fotografías de los reyes hace un par de semanas. En sí, puede que estas personas estén a favor o en contra de los reyes, pero haber pasado al hecho de mostrarse durante un acto violento -aunque no físicamente- va más allá de cualquier opinión y se transforma en una agresión.

 

Me sorprendió mucho ver que los jóvenes que habían realizado el mencionado hecho salieran libres, después de que habían sido identificados y se habían presentado ante el juez, sin mayor pena privativa de libertad o sin tener que pagar una fianza  que represente un castigo para lo que habían cometido. La otra noche, cuando veía  esto en las noticias realmente quedé sorprendido de que tremendo acto quedara así, impune. Sin embargo, en ese momento no tenía mucho tiempo de pensar en ello pues debía salir inmediatamente hacia una reunión en la que hablarían unos profesores de la universidad tratando varios temas de actualidad nacional, entre los que tocarían el de la quema de las fotos.

 

Aún me encontraba en mi inmueble, alistándome para salir, cuando sonó el teléfono. Yo no iba a contestar, porque se me iba a hacer más tarde todavía de lo que ya era, y no veía la hora de salir de mi apartamento de una vez y dirigirme hacia el campus para oír la clase. Pero levanté el auricular y  en el otro lado de la línea estaba mi compañero de clase. Ya no habría conferencia hoy, me dijo. Uno de los profesores había tenido un contratiempo, y los otros dos que iban a participar, junto a los organizadores, habían preferido guardar la ocasión para una próxima oportunidad en la que los tres estén presentes, y pudieran, de esa manera intercambiar opiniones, puntos de vistas y análisis para hacer más nutrida la ocasión.

 

Así que, de manera totalmente contraria a la prisa con la que me había alistado para ir hacia la conferencia y dejar atrás el apartamento, empecé, de forma muy lenta, a guardar el abrigo, la libreta de apuntes que llevaba conmigo, a cambiarme, hasta quedarme listo para ir a dormir. Esta ya no iba a ser la ocasión en la que escucharía a los buenos profesores debatir. Estaba seguro que el tema de la quema de fotos iba a ocupar un buen lugar entre lo que se diría, tratando de analizarse hasta el más mínimo detalle. Sin embrago ahora ya no habría nada de eso, y tendría que seguir sacando yo mis propias conclusiones para luego ponerlas en común con el resto de mis compañeros, que habrían estado esperando este día, para oír y participar en la conferencia.

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