Uncategorized Paul on 31 Dec 2007 07:46 am
INSEGURIDAD EN LAS CASAS DE VALLECAS
Cuando uno busca apartamento, se fija en muchos detalles, incluso está dispuesto a hacer ciertas concesiones y ceder en ciertos gustos o caprichos, pero en lo que definitivamente no se puede hacer ninguna concesión, es en el tema de la seguridad. En efecto, la seguridad no puede ser subestimada ni medio centímetro ya que incluso nuestras vidas pueden depender de ella. Esto cobra mucha mayor importancia cuando tenemos hijos ya que uno a veces no mide el peligro, por más madurez que tanga. Hasta que uno no tiene un hijo, no conoce la dimensión real de la palabra angustia. Todos estos pensamientos se me vinieron a la mente de pronto cuando en los noticieros de la semana pasada pude ver que la localidad de Vallecas viene presentando una creciente inseguridad en sus calles. Efectivamente, en pleno Madrid, podemos decir, aunque suene raro, que la policía no está presente. Según varios vecinos de Vallecas que fueron entrevistados en los noticieros, la gendarmería brilla por su ausencia y prácticamente ha abandonado posiciones en esta localidad. La gente tiene miedo de salir a las calles pues aseguran que se han formado pandillas por varios sectores. Este grupo de jóvenes con serios problemas de conducta vienen asolando el distrito con sus constantes peleas. La disputa, como en la mayoría de estos casos, es por la supremacía del barrio y en este proceso se desatan verdaderas batallas campales entre uno y otro bando. Los resultados muchas veces son fatales y terminan con la muerte de uno o más de estos pandilleros. Heridos y contusos siempre hay y lo que no falta nunca son los daños materiales en las propiedades de personas que no tienen nada que ver en el pleito. Luego de una de estas refriegas, los vidrios de los inmuebles quedan reducidos a añicos y yacen en el suelo como mudos e indefensos testigos de lo ocurrido.
Me interesó mucho este tema y me tomé el tiempo de indagar con amistades que viven en estos barrios por fatalidades del destino realmente. En efecto, estas personas adquirieron sus inmuebles cuando Vallecas era una localidad apacible y se mostraba como una buena opción para los inmigrantes procedentes de las ciudades del interior del país. Jóvenes con muchos sueños, llegaron a fines de los años sesenta y comienzos de los años setenta a la capital y pronto la poblaron obligándola a crecer hacia arriba. Ciertamente aún había espacio habitable en parte de la capital y Vallecas se convirtió en opción, incluso en la actualidad existen inmuebles de estreno pero que han visto reducido su valor de venta por causa de la inseguridad. En esos momentos todo era felicidad, empeño y esperanza y por la mente no pasaba la idea de que el escenario cambiaría más adelante. Sólo basta imaginar cómo se debe sentir esa persona que años atrás apostó por la compra de una casa en Vallecas y ahora, con hijos a cuestas, debe enfrentar un serio problema de inseguridad. Quizá alguien pueda pensar que estoy exagerando y dramatizando el hecho a partir de una sola denuncia. Pues no es tan así. Como dije líneas arriba, tuve la oportunidad de conversar con personas afectadas directamente en esta problemática y puedo dar fe que la situación es tan dramática como la pinto.
Les contaré que hablé con un anciano de nombre Guillermo. Él es el papá de un amigo de la universidad y se mudó a Vallecas cuando sus hijos tomaron caminos distintos. Para esto, el señor Guillermo había enviudado y, no teniendo mayor necesidad de espacio, se mudó a un pequeño inmueble en Vallecas bajo la modalidad de alquiler venta. Ahora se encuentra a la mitad de la transacción sin saber qué hacer. Renunciar a los casi diez años de aportes o quedarse a lidiar con la inseguridad diariamente. Cuando le pregunté si le había tocado vivir directamente la inseguridad de su vecindario, el señor Guillermo me contó lo que le sucedió un día que regresaba a su casa luego de reunirse con algunos amigos contemporáneos a él. En Vallecas, Guillermo se reunía semanalmente con tres amigos, era una especie de club de jubilados en el que los integrantes disfrutaban de amenas conversaciones en las que se mezclaban problemáticas mundiales actuales y frescas anécdotas del pasado. Me cuenta este señor que escuchaban música de Edith Piaff o de Javier Solís mientras conversaban, pero lo importante sucedió cuando retornaba a su casa, aquella medianoche de un día viernes.
A Guillermo le fue bien en la partida de dominó final que sostuvo con sus compañeros, la conversación había sido amena como siempre y era hora de regresar a casa. Nada del otro mundo, menos de 600 metros lo separaban de su casa y decidió caminar mientras disfrutaba de la suave brisa otoñal de estas horas. La calle estaba tan silenciosa que podía escuchar sus propios pasos según me refiere y caminó tranquilo, ya había tenido noticias de las pandillas que se habían formado pero pensó que por su casa nunca se acercarían, tenía los antecedentes a su favor pues los hechos siempre se registraban a no menos de dos kilómetros de distancia de su hogar. Guillermo se relajó y siguió caminando, escuchando sus pasos pero al poco empezó a sentir unas tibias voces que parecían venir de la dirección hacia donde caminaba. A medida que avanzaba, el vocerío se hacía más claro y cuando faltaban menos de 200 metros para que llegue a su casa, se dio cuenta que un grupo de más de cinco personas estaban sentados prácticamente a orillas de la puerta de su casa. No los había divisado a lo lejos pues los últimos metros antes de llegar a su casa estaban cubiertos por una curva en la calle. Intentó sobre parar pero casi al instante pensó que ese gesto iba a poner en evidencia miedo y decidió seguir con decisión. Cuando estuvo a menos de cinco metros de su casa, y por tanto de la patota, se dio cuenta que estaban libando licor y se empujaban entre ellos mientras discutían quién sabe de qué cosa. Sin mirarlos, se dirigió a la puerta de su inmobiliario pero uno de los muchachos le cerró el paso y sin mediar palabra empezó a bolsiquearlo. Guillermo no pudo hacer nada más que exigir respeto hacia su edad, por supuesto la petición fue totalmente desestimada y pronto los demás muchachos se sumaron al festín. A los pocos minutos, Guillermo terminó con los pantalones hechos flecos y sin u sólo centavo. Afortunadamente pudo conservar sus llaves y poder ingresar a su domicilio.
Related Posts
- Una visión anual de la inmobiliaria alrededor del mundo; apartamentos, casas, y más
- Garage o estacionamiento
- Problemas con la casa nueva
- El apartamento querido
- Crisis inmobiliaria