Uncategorized Patrick on 13 Sep 2007 12:46 pm
IMPROVISANDO LA PRIVACIDAD
Al interior de todo inmobiliario la privacidad siempre es importante. A cada quien le gusta tener su propio espacio donde poder desarrollarse. Uno puede ser muy social y amiguero pero toda persona necesita sus ratos libres en los que la soledad sea su única compañera y hasta consejera. Cuando el inmobiliario es grande por lo general no hay ningún problema y cada uno encuentra su propio espacio. Hay casos en que los cuartos quedan bastante alejados el uno del otro y en los que cada uno puede aislarse de rato en rato. La historia es distinta si es que nuestra casa es pequeña hay que ingeniárselas para obtener momentos de privacidad. El caso de un amigo es muy particular ya que su inmueble no es precisamente grande y casi todas las habitaciones se encuentran en el segundo piso, unas al costado de otras e inclusive conectadas entre sí. Esto evidentemente dificulta su privacidad al menos en las horas en que todos o varios de los miembros de la familia están presentes. Sin embargo mi amigo, ante la necesidad, se dio mañana para obtener su propio espacio.
A este amigo lo conocí cuando terminábamos la escuela en uno de esos tantos encuentros de fútbol que teníamos los sábados en la tarde en el colegio, y al que asistían chicos de diferentes escuelas. El chico Armando jugaba bastante bien al fútbol y rápidamente se hizo amigo de nuestro grupo y en poco tiempo terminó reforzando nuestro equipo de fútbol llevándonos a ganar muchos partidos y hasta se compraba nuestras broncas en la calentura del partido, como si fuese un alumno más de nuestra escuela. Pasaron dos años y terminamos cada quine su escuela y fuimos a coincidir en la misma academia que nos preparaba para nuestra vida universitaria. Ahí compartimos casi medio año de estudios hasta que cada uno tomó caminos en distintas universidades pero la amistad siguió cultivándose y no había sábado que no saliésemos junto con varios amigos a las fiestas. Por un buen rato, el punto de reunión fue la cada de Armando en la que justamente obtuve el ejemplo de cómo obtener tu propio espacio de privacidad.
Como dije su casa era de dos pisos pero pequeña. En la planta superior estaban ubicados casi todos los dormitorios que además compartían un solo baño. Eso ya de por sí era nuevo para mí, pues en mi casa cada habitación tenía su baño independiente. La primera planta arrancaba con el garaje donde se ubicaba su Volkswagen Escarabajo clásico del año 1973. Pasando esta estancia arrancaba la construcción propiamente dicha con la sala de dimensiones pequeñas también, donde había un solo sofá para tres personas. El baño de visitas se encontraba por debajo de las escaleras que conducían al segundo piso. Más allá, y hacia el fondo del inmobiliario se encontraba la cocina, disimulada apenas por unos vidrios ahumados pero delatados por el sonido que hace la fritura de algún comestible. Más al fondo se encontraba el patio de la casa, que era un tanto más espacioso que la sala y que a su vez servía de tendedero de las prendas que se lavaban en el fregadero que también se encontraba en susodicho patio. Y más al fondo aún, colindando con la casa del vecino, Armando había construido su propia habitación. Me contó que poco a poco fue ahorrando y comprando los materiales de construcción hasta que un día por fin pudo dar luz verde al proyecto que no tomó más de tres de semanas. La habitación resultó bastante cómoda y en su interior solamente yacía su cama y una cómoda. Un traveseó practicado inteligentemente sobre la cama, le servía para colgar su ropa ahorrando espacio. Ese era nuestro lugar de reunión en esos tiempos en el que nos tomábamos unos tragos para luego salir a alguna discoteca de la ciudad.