Uncategorized Paul on 16 Jul 2007 02:13 pm
Garage o estacionamiento
Mi tío era un experto con las herramientas, recuerdo que antiguamente con mi abuelo eran capaces de arreglar todo carro que se les pusiese en frente. No se hasta ahora como no se les ocurrió poner un taller pero el caso es que pienso que perdieron mucho dinero, o seguro lo invirtieron en divertirse, si, solo eso.
Era seguro que la gran habilidad que tenían iba acompañada de un profundo cariño por lo que hacían, seguramente.
Es que para ellos el garage se transformo en su espacio propio, casi a diario, en el que se juntaban los dos y todo un arsenal de herramientas que espantaba a cualquier persona del sexo femenino que osara acercarse.
La grasa del carro y los rudas y pesadas que se veían sus herramientas eran un real “espanta mujeres” y cada vez que tenían un pelea con sus respectivas parejas se juntaban para arreglar sus automóviles, como si la bronca que podían tener encima se transformara en una gran capacidad para devorarse todas las fallas de cualquier automóvil.
El punto de reunión era el garaje de mi abuelo, como mi tío vivía muy cerca acudía a este lugar para practicar lo que seguramente era su principal pasatiempo.
No esta demás decir que mi tío tenia que llevar su auto del estacionamiento del lugar donde vivía, pues ahí no había garaje.
Es cierto que el espacio que tenía en su estacionamiento era grande y espacioso pero no había punto de comparación.
Era muy fastidioso, aparentemente para él, pues el garaje no era solo una habitación más en una casa, era mucho más que eso.
No se trata del lugar donde guardan o tiran algunas cosas que nadie quiere usar, donde se colocan viejas escobas o muebles, esa era la idea de sus respectivas esposa pero no para ellos.
Para mi tío y mi abuelo ese lugar era casi como una capilla por lo sagrado y todo lo que representaba para ellos.
Recuerdo que mi tío pasaba horas ahí y tenia un montón de cajas de metal que mi abuelo le guardaba, paro tantos envases, botellas de aceites, cajas con herramientas, extensiones, hacían de este lugar algo muy oscuro, realmente era una pequeña sala de arte.
El sonido del motor afinado, sonando a la perfección, era como el broche de oro para un trabajo bien realizado, ni modo que tenían razón, eran incomprendidos pero yo si los entendía.
La verdad es que garaje como esos no he vuelto a ver desde esa época, pues la mayoría de casas lo dejan pasar por alto, como que a pocos les interesa, de repente lo más práctico es dejar en un taller el automóvil cuando se malogre.
Sin embargo se que muy en el fondo habrán personas como mi tío y mi abuelo que gocen de lo que hacían ellos.
Ahora que ambos no se encuentran vivos, todavía recuerdo los sonidos de sus herramientas, la grasa de sus guantes y lo bien que le pasaban trabajando, yo estaba a un lado mirándolos y observando el placer y el jubilo que los embargaba cuando se disponían a hacer sus mejores obras maestras.
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