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Uncategorized Paul on 07 Jan 2008 11:22 am

EL NIÑO Y SU ESPACIO EN LA CASA

Definitivamente el tema de la comodidad en una casa es muy subjetivo. Para algunos, esta palabra está relacionada directamente con el espacio del cual se disponga al interior del inmobiliario. Un claro ejemplo de esto son los niños. En efecto, he notado que a los más pequeños les gusta disfrutar de los grandes espacios, de un jardín interior más o menos holgado que les permita desarrollar a cabalidad sus juegos, juegos que implican mucho movimiento y desplazamiento a través de un determinado espacio que les brinde confort y seguridad al mismo tiempo. Aunque, para ser sinceros, los niños no se fijan demasiado en el tema de la seguridad, ellos son felices simplemente jugando libres y prueba de ello es la cara que ponen cuando los padres anuncian el fin del juego y el inicio de los deberes del hogar o de la escuela. Siempre piden unos minutos más de juego, difícilmente se sacian hasta que no caigan rendidos, lo cual es muy difícil por la gran vitalidad de la mayoría de ellos. Pero hay otro punto que concierne al niño y el espacio de su propio inmueble y es que el niño se adapta a lo que le ofrecen. En efecto, hay niños que vienen al mundo y son integrantes de una familia que vive en un pequeño apartamento. No disponen de un jardín propio y deben jugar los juegos mayores en el parque del vecindario, sin embargo, son absolutamente felices. Es más, me atrevería a decir que ni siquiera valoran su inmueble, simplemente viven en este. El asunto radica en la ronda de comparaciones, cuando llega el momento en que reciben la invitación de uno de sus amigos y les toca visitar una casa de mayores dimensiones que la propia.

Cuando este día llega, esa misma tarde o noche o, al día siguiente, recibimos una descripción detallada del inmueble del amigo de nuestro hijo. En efecto, los niños tienen una memoria fotográfica increíble y nos detallan lo que vieron en su visita. En mi caso me tocó recibir esta información de boca de una de las hijas menores de mi pareja. La niña en cuestión, de apenas siete años de edad, nos contó en la mesa la casa de ensueño que había visitado el fin de semana en lo que fue una invitación de niña a niña. Debo decir primero que mi pareja vive en un pequeño apartamento de apenas dos dormitorios en los que uno de ellos es ocupado por ella y el otro por la niña. Además de esto, la sala es bastante reducida y prácticamente está conectada con el comedor en un solo ambiente. Una pequeña puerta conecta con la cocina y con el cuarto de servicio. Evidentemente el espacio de los dormitorios también es reducido y la niña cuenta con un pequeño espacio para jugar. Su cuarto está repleto de juguetes que se hacinan como pueden en diversos muebles y aparadores que hacen sombra a la cama de la niña. Con este punto de referencia fue que mi pareja y yo recibimos la detallada descripción de la hija de ella. Para empezar, nos dijo que el inmueble que le tocó visitar, no era un apartamento sino una casa bien definida, a juzgar por la descripción que nos dio de los interiores, diría que se trataba de un lujosos chalet, pues lo primero que identificó fue un jardín en la entrada con flores de todo tipo en su perímetro y un gigantesco ventanal que anunciaba lo que venía tras este.

La niña nos refirió que al ingresar, sintió como si estuviese entrando a un castillo moderno. El techo era bastante alto y había muchos muebles apostados sobre coloridas y nutridas alfombras. Un gran piano apareció en medio de la sala junto a una chimenea hecha de ladrillo barnizado. Por dentro, otro enorme jardín se abría paso sobre el fondo de la casa, antes de desembocar en un patio destinado al juego. En dicho patio, había un tablero para practicar el basketball además de otra casa, la casa del pastor alemán de la familia. El segundo piso de la casa fue descrito como el lugar más acogedor del mundo ya que la “dueña” de casa, tenía dos cuartos, uno de ellos destinado a su reposo y el otro utilizado exclusivamente como cuarto de juegos. En el cuarto de juegos, tenía un ordenador propio además de televisor, reproductor de DVD y consola de juegos. Los juguetes clásicos eran un tema aparte y la habitación en cuestión era tan espaciosa que podía albergar hasta dos casas de muñecas en tamaño natural. Los peluches estaban a la orden del día y se podían contar por docenas. La descripción de la hija de mi pareja fue mucho más detallada pero por motivos de espacio no la puedo recrear tan detalladamente, pero mi intención era hacer notar como cada niño busca ser feliz, independientemente del espacio que le haya tocado para desarrollarse.

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