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Uncategorized Patrick on 21 Sep 2007
DESINFECCIÓN DEL PISO
Si tenemos niños en casa es muy importante la desinfección de los pisos de nuestro inmobiliario. Es una medida básica que debemos tener siempre presente por el bienestar de nuestros hijos pequeños que pasan gran parte del tiempo, literalmente, en el suelo. En la actualidad hay una buena gama de productos de desinfección de pisos para todos los gustos, con diversos aromas según los gustos personales, por ejemplo con olor a lavanda o a pino, estos son los más adquiridos por las amas de casa. Sin embargo, al margen de la fragancia que nos puedan otorgar al interior de nuestro inmobiliario, debemos enfocarnos en el grado de desinfección que posea cada uno de estos agentes. Así debemos revisar cuidadosamente las indicaciones de la etiqueta en la parte posterior del frasco donde se indican los componentes que conforman la fórmula de limpieza que utilizaremos. Muchas veces me he topado con que los componentes son bastante suaves, siendo el principal componente de la fórmula el alcohol. Esto me hizo pensar en un primer momento que ese producto no era otra cosa que una estrategia de marketing, sin embargo, cuando me puse a reflexionar al respecto, llegué a la conclusión de que por otra parte puede ser de utilidad en el caso que motiva mi post.
Como está visto que nuestros hijos a temprana edad llevan a cabo sus juegos prácticamente en el suelo, es una buena idea que los componentes del desinfectante sean suaves, porque si de erradicar los gérmenes se trata, se podría utilizar lejía, pero dejaríamos a nuestros hijos expuestos a una intoxicación severa por la ingesta de este potente limpiador. Por otra parte no es conveniente suprimir los juegos de nuestros hijos en el suelo. Escuché esto en un programa radial orientado a la crianza de los infantes. En dicho programa, un conocido pediatra indicaba que debemos dejar que nuestros hijos gateen por el suelo con total libertad ya que de ello depende gran parte del desarrollo de sus capacidades psico-motrices futuras. En efecto, un niño al cual se le ha prohibido gatear, presenta en su etapa adulta deficiencias en su sistema de coordinación mano-ojo, limitándole el desempeño de ciertas capacidades. Esto lo he notado y comprobado en mi pareja que me cuenta que no le dejaron gatear y ahora cuando practicamos algún deporte presenta ciertas descoordinaciones.
Es conveniente entonces, proveer a nuestros hijos de un adecuado entorno de juegos al interior de nuestro inmobiliario, desinfectar convenientemente las áreas donde ellos gustan de pasar la mayor parte del día y permitirles que se desarrollen de acuerdo a lo que la naturaleza ha establecido. Mi recomendación es optar por los desinfectantes de aceite de pino para los dormitorios ya que resultan ser los más suaves sin que esto suponga una perdida sustancial en sus propiedades desinfectantes. Para los ambientes comunes del inmobiliario podemos usar un limpiador de mayor gradiente, reservando para los sanitarios los de mayor fuerza, los mismos que requerirán mayor vigilancia y seguimiento de nuestra parte.
Uncategorized Paul on 21 Sep 2007
Sorpresas en el nuevo apartamento
A Paul y Magdalena, les iba muy bien en su nuevo apartamento. Acababan de casarse y ella estaba embarazada. Todo, aparentemente les había salido bien al comprar el apartamento. La financiación inmobiliaria que les habían dado para comprar el apartamento era buena, y lo habían remodelado de manera que pudiera caber una personas más: el hijo que estaban esperando. Sin embrago no contaron con que de pronto empezaran a salir ciertos problemas de su entrono diario en el apartamento. Lo que haría que su felicidad se viera menguada por ciertos asuntos que no eran del todo poderosos para poder vencerlos, pero sí, como para molestarlos un poco.
El primer problema al que se tuvieron que enfrentar fue que en la cocina había un desperfecto en el suelo. Este presentaba una hendidura que si bien no era muy grande, ni muy notoria, acababa por ser notada cuando alguien pasaba por ahí y se deslizaba, tal cual se encontrara en una patineta. Después de que superaron ese problema -olvidándolo y decidiendo no enojarse más por eso, pues no había otra solución-, parecía que ahora si todo iba a estar bien, sin embrago no timaron en cuenta que frente a ellos había unos vecino terribles que no los iban a dejar en paz por mucho tiempo. Eran una pareja de ancianos bastante molestosos, que buscaban cualquier excusa para hacer la vida imposible a sus vecinos. Esta vez se trataba de que según ellos, Paul y Magdalena hacían demasiada bulla y que no los dejaban descansar. En realidad sí había habido bulla, pero era porque recién se estaban mudando y los muebles ocasionaban ruido al ser movidos. En fin después de haber hablado con esos dos ancianos deseaban ver al agente inmobiliario para preguntarle por qué no les había advertido de semejante amenaza, pero se dieron cuenta que eso era demasiado exagerado.
Después de haber pasado varias horas tratando de no hacer bulla al mover los muebles, terminaron de hacer las remodelaciones, y ahora se dedicaban a prepararse para salir a celebrar su nuevo apartamento recién adquirido. Justo cuando estaban en la puerta, la pareja de anciano tomó el taxi que ellos habían visto venir. Por lo visto la convivencia no iba a ser para nada fácil y menos aún con ellos. Sin embargo, tendrían que empezar a acostumbrarse a vivir junto a esa pareja, pues estaban justo frente a ellos en el final del pasillo, por lo que se verían muy seguido.
Después de volver de una cena bastante larga, como para olvidarse, de todo, entraron en el edificio. La puerta de sus vecinos estaba cerrada y no se oían ruidos, ya estarían dormidos. Fue cuando sintieron que todo podría mejorar si ellos ponían buena cara a todos los problemas. Lo de la cocina ya no importaba, y en cuanto a sus vecinos tendrían que acostumbrase, pues el resto de vecinos le habían advertido sobre la pareja de ancianos. De ahora en adelante ellos iban a buscar la forma de ganarse su amistad y de buscar no molestase, porque después de todo tenían que vivir ahí y mientras lo hicieran querían que todo fuese tranquilo.
Uncategorized Paul on 19 Sep 2007
¡APAGA ESO!
Cuando uno es joven y recién despierta a la vida, una de las primeras cosas, o mejor dicho, ideas que se nos pasa por la mente, es mudarse de inmobiliario. Es muy difícil encontrar jóvenes que las traigan todas consigo compartiendo el inmobiliario con sus padres. La privacidad y la libertad nunca son totales a estas edades. Por ejemplo en mi caso, siempre me gustó la música y ese fue siempre un punto de choque con mis padres.
Recuerdo los años de escuela cuando me tenía que levantar muy temprano para asearme, vestirme, tomar desayuno y salir disparado de mi inmobiliario. Lo hacía entre sueños pero ya en el camino al colegio me despertaba la idea de que al volver no encontraría nadie en casa. En efecto, mis padres se iban a trabajar poco después de que yo partiera hacia el colegio. Me dejaban la comida lista para calentar, yo llegaba cuando la tarde empezaba y tenía por lo menos una ventana de libertad de cuatro horas antes de ser devuelto a la realidad. Estamos hablando que tenía unos quince años aproximadamente y situémonos en el año 1988. Yo desde niño era fanático de la música y en especial del rock y, por aquellos años, la escena musical había sido tomada por las huestes del llamado Heavy Metal, yo por supuesto, encantado, fui arrastrado por la corriente y viví esa etapa al máximo. En la escuela era una buena oportunidad para intercambiar música, así lo hacía y apenas legaba a mi casa me dirigía al equipo de sonido, no sin antes inspirar profundamente, inflando el pecho, por la satisfacción de gobernarme solo. Una vez frente al equipo ponía la música a buen volumen mientras me dirigía a almorzar. Era muy gratificante comer al compás de Motley Crue o de Kiss, luego de lo cual, aunque mis padres no me daban crédito, pasaba a hacer mis tareas con esta estridente música de fondo, como la calificaban ellos. El inmobiliario se veía inundado de pesados riffs de guitarra y punteos agudos con la batería aporreando una y otra vez, a veces las quejas de los vecinos no se hacían esperar, pero yo hacía caso omiso. La hora se pasaba volando y al final siempre terminaba siendo sorprendido por mi padre o mi madre, según quien llegara primero. Apenas se podía escuchar un tenue ¡apaga eso!, tras lo cual la fiesta terminaba.
Recuerdo estos años con mucho cariño y mucha nostalgia. Ahora vivo en un apartamento, solo. Tengo un equipo de música de alta fidelidad pero ya no escucho mucho Heavy Metal, más bien me deleito con Jazz o Rock Adulto Contemporáneo a un volumen moderado, aunque de vez en cuando me entra tanta nostalgia o simplemente necesito de un shock de adrenalina y extraigo mis compactos de ACDC, los pongo en el equipo de sonido y ahí sí, agárrese quien pueda porque las paredes del inmobiliario van a retumbar al compás de los golpes de la frecuencia de los bajos. Y en mi mente me parece escuchar, muy tenuemente, ¡Apaga eso!
Uncategorized Paul on 18 Sep 2007
Un repaso por las remodelaciones
La semana pasada, después de pensarlo bastante y acabar mi ciclo de estudios en la universidad, llegué de visita a la casa de mi prima, quien desde hace un par de años vive en Barcelona. En realidad fue algo inesperado para ella, ya que no me esperaba de visita. Aunque ella y su esposo, un amigo mío de la escuela, me habían invitado en varias ocasiones a conocer su inmueble. Bueno, cuando estuve por fin en la puerta de su apartamento me detuve por un momento y dudé en tocar el timbre. No sé por qué, pero me parecía que tal vez iba a incomodar, por lo que sería mejor volver a mi casa. Sin embargo no me fui, el timbre sonó largo rato, y después abrió la puerta un niño. Era mi sobrino que tenía ocho años. Nos saludamos muy efusivamente, pues era más de un año que no nos habíamos visto en lo absoluto, y tan sólo habíamos hablado un par de veces durante ese lapso, y las dos oportunidades habían sido para su cumpleaños y luego para Navidad, de manera que dentro de la conversión habíamos mantenido un tono casi de festividad sin poder llegara a cosas muy familiares.
De inmediato entramos y mi prima y mi amigo me saludaron con mucha alegría, saludo que yo les devolví con el mismo entusiasmo. Nos preguntamos muchas cosas acerca de cómo habíamos estado durante este tiempo y luego mi sobrino me jaló de la camisa y me dijo que me iba a enseñar la casa. Así que fui con él para que empezara el recorrido. Me dijo que no hace mucho habían cambiado varias cosas y que habían hecho remodelaciones. En realidad todo el apartamento estaba muy bien organizado, tenía un tamaño mediano, y los cuartos estaban distribuidos de buena forma en espacio y tamaño. La entrada que daba directo a la sala y comedor estaba adornada por varios objetos realizados por mi prima que tenía cierto gusto artístico, aunque no se dedicaba a ello por no haber explotado su potencial lo suficiente. En seguida estaban los muebles, que con ayuda de un amigo, que además era el agente inmobiliario que les había conseguido a buen precio el inmobiliario, habían podido conseguir. Y al centro de la sala un gran jarrón que hacía juego con las cortinas y los estantes que guardaban libros, adornos, y muchas otras cosas más.
Luego pasamos a la cocina donde la decoración era bastante sobria, lo cual contrastaba con lo cargado de los pasadizos que llevaban a los dormitorios. Estos tenían sendos cuadros y adornos, además de repisas en las que las fotos de la familia se podían contar por montón. Abundaban, en realidad por toda la casa pero de manera repartida, en cambio aquí se juntaban, formando más bien un álbum en repisas. Luego salimos al balcón. Lo mejor era la vista. Estaba en el centro de la ciudad y podíamos ver casi todo, pues la altura del edificio nos permitía esto. Fue ahí, dónde mi prima divisó un restaurante que dijo era muy bueno, y al cual debíamos ir para celebrar la visita. De esta manera, el recorrido terminó, o se postergó para después de la cena, mientras nos alistábamos para salir.
Uncategorized Paul on 17 Sep 2007
Juntos por un apartamento
Acababa de contraer matrimonio y parecía que todo iba a ser tan sólo felicidad. (Aunque muchos -bueno casi todos- digan que es así durante los primeros meses hasta que la pareja se empieza a conocer y descubre cosas que no conocía del otro, intercambiando opiniones que en verdad pueden llegar a irritar mucho a quien es blanco de las críticas llevándolo a responder, aumentando el nivel de la bronca y creando u círculo de nunca acabar) Bueno, tan pronto como decidimos los dos salir por la ciudad y empezar a buscar un inmueble que se acomode mejor a nuestras nuevas necesidades de casados, empezaron los pequeños problemas, que por momentos parecían que no iban a acabar jamás. La primera ocurrencia de mi mujer fue sacarme en cara, cuando ya teníamos más de dos horas en nuestra búsqueda, que yo no había querido contactar con un agente inmobiliario, y que por mi culpa demorábamos tanto en conseguir un apartamento para nosotros. Le contesté que no era mi culpa, que ambos habíamos decidido salir a buscar un departamento para que pudiéramos, en el camino, conversar de las cosas que queríamos reunir en una propiedad, ya que sería mejor así para poder ir formándonos en la cabeza un imagen de o que íbamos a comprar. A partir de ahí el día se fue haciendo más pesado, pues cada vez que entrábamos a observar alguna propiedad, parecía que lo que nos ofrecían y le gustaba a alguno de los dos empezaba a ser odiado por el otro.
Sin embargo, ni bien salimos de un edificio en una zona lo suficientemente conveniente para los dos, con las características que a ambos nos gustaban, y a un precio en el que los dos hubiéramos convenido en pagar, no nos dijimos nada. En las demás casa en las que habíamos discutido apenas terminábamos de salir del inmobiliario nos decíamos lo malo y lo bueno que acabábamos de ver, claro que uno decía, magnificando, todo lo bueno y otro, satanizando, todo lo malo, cosa que así dejábamos bien en claro que estábamos en desacuerdo y que iba a ser difícil, muy, muy difícil el poder comprar ese día, u otro que este cercano, alguna apartamento en la ciudad. Ello además, nos molestaba a los dos porque queríamos acabar pronto con la búsqueda del apartamento y deseábamos descansar.
Creo que por la cabeza de ambos pasó exactamente lo mismo: una oportunidad así, no puede desperdiciarse, era la ocasión perfecta de comprar un departamento a buen precio, en buena zona, con suficiente espacio y otros factores más que lo optimizaban, haciéndolo sobresalir del montón en el mercado inmobiliario en el que nos habíamos metido. Así que, apenas avanzamos unos pasos, nos paramos, nos miramos y dimos la vuelta. Íbamos a comprar nuestro departamento y ya no estábamos peleados. Quizá ambas cosa fueron igual de buenas, pero de ahí en adelante hemos vuelto a discutir, y a reconciliarnos al poco tiempo, son en realidad discusiones tontas que al rato olvidamos, pero lo que en verdad fue excelente ese día era el inmueble que acabábamos de comprar.
Uncategorized Patrick on 13 Sep 2007
IMPROVISANDO LA PRIVACIDAD
Al interior de todo inmobiliario la privacidad siempre es importante. A cada quien le gusta tener su propio espacio donde poder desarrollarse. Uno puede ser muy social y amiguero pero toda persona necesita sus ratos libres en los que la soledad sea su única compañera y hasta consejera. Cuando el inmobiliario es grande por lo general no hay ningún problema y cada uno encuentra su propio espacio. Hay casos en que los cuartos quedan bastante alejados el uno del otro y en los que cada uno puede aislarse de rato en rato. La historia es distinta si es que nuestra casa es pequeña hay que ingeniárselas para obtener momentos de privacidad. El caso de un amigo es muy particular ya que su inmueble no es precisamente grande y casi todas las habitaciones se encuentran en el segundo piso, unas al costado de otras e inclusive conectadas entre sí. Esto evidentemente dificulta su privacidad al menos en las horas en que todos o varios de los miembros de la familia están presentes. Sin embargo mi amigo, ante la necesidad, se dio mañana para obtener su propio espacio.
A este amigo lo conocí cuando terminábamos la escuela en uno de esos tantos encuentros de fútbol que teníamos los sábados en la tarde en el colegio, y al que asistían chicos de diferentes escuelas. El chico Armando jugaba bastante bien al fútbol y rápidamente se hizo amigo de nuestro grupo y en poco tiempo terminó reforzando nuestro equipo de fútbol llevándonos a ganar muchos partidos y hasta se compraba nuestras broncas en la calentura del partido, como si fuese un alumno más de nuestra escuela. Pasaron dos años y terminamos cada quine su escuela y fuimos a coincidir en la misma academia que nos preparaba para nuestra vida universitaria. Ahí compartimos casi medio año de estudios hasta que cada uno tomó caminos en distintas universidades pero la amistad siguió cultivándose y no había sábado que no saliésemos junto con varios amigos a las fiestas. Por un buen rato, el punto de reunión fue la cada de Armando en la que justamente obtuve el ejemplo de cómo obtener tu propio espacio de privacidad.
Como dije su casa era de dos pisos pero pequeña. En la planta superior estaban ubicados casi todos los dormitorios que además compartían un solo baño. Eso ya de por sí era nuevo para mí, pues en mi casa cada habitación tenía su baño independiente. La primera planta arrancaba con el garaje donde se ubicaba su Volkswagen Escarabajo clásico del año 1973. Pasando esta estancia arrancaba la construcción propiamente dicha con la sala de dimensiones pequeñas también, donde había un solo sofá para tres personas. El baño de visitas se encontraba por debajo de las escaleras que conducían al segundo piso. Más allá, y hacia el fondo del inmobiliario se encontraba la cocina, disimulada apenas por unos vidrios ahumados pero delatados por el sonido que hace la fritura de algún comestible. Más al fondo se encontraba el patio de la casa, que era un tanto más espacioso que la sala y que a su vez servía de tendedero de las prendas que se lavaban en el fregadero que también se encontraba en susodicho patio. Y más al fondo aún, colindando con la casa del vecino, Armando había construido su propia habitación. Me contó que poco a poco fue ahorrando y comprando los materiales de construcción hasta que un día por fin pudo dar luz verde al proyecto que no tomó más de tres de semanas. La habitación resultó bastante cómoda y en su interior solamente yacía su cama y una cómoda. Un traveseó practicado inteligentemente sobre la cama, le servía para colgar su ropa ahorrando espacio. Ese era nuestro lugar de reunión en esos tiempos en el que nos tomábamos unos tragos para luego salir a alguna discoteca de la ciudad.
Uncategorized Paul on 06 Sep 2007
EL MIRADOR SEGUNDA PARTE
Comentaba en mi anterior post acerca de los miradores que se ubican en nuestros inmobiliarios y las vistas que nos ofrecen, desde las más simples y cotidianas escenas de la vida común hasta las más inconmensurables bellezas de la naturaleza como la puesta del sol si es que nuestro inmobiliario posee una vista al mar. Y recordaba un incidente que tuve justamente cuando disfrutaba de las bondades de uno de estos miradores comunes, es decir un malecón de playa. Habíamos acudido hasta allí con mi novia y, para hacer más recreativo el momento, decidimos comprar unas cervezas y compartirlas a borde del acantilado. Ya se imaginarán por donde anda la cosa cuando dije que la impertinencia llegó y lo malogró todo.
Se trataba por supuesto de la gendarmería que no tuvo mejor cosa que hacer que venir a sabotear nuestro momento. Estaba muy acaramelado con mi pareja cuando de pronto escucho un lúgubre “Buenas noches señores”. La subterránea voz me sacó de mi encantamiento al igual que a mi novia. Nos desenredamos y volvimos la mirada a ver quién era el impertinente. Pensamos en esos momentos que algún amigo nos estaba gastando una broma pero al ver el uniforme que vestía el agente de policía, intuimos de lo que se trataba. El efectivo por su parte estaba acompañado de un compañero que se quedó un poco más atrás viendo como su colega nos recriminaba por alterar el orden público según él. Yo por supuesto no me quedé callado y le refuté el argumento aduciendo que no estábamos protagonizando ningún tipo de escándalo rematando la frase con el pequeño sarcasmo de decirle que no era mi culpa si él desconocía el significado de la palabra romántico. El policía quedó mudo por eternos cinco segundos y en seguida me pidió mi identificación. Afortunadamente siempre la cargo conmigo y se la mostré, mi novia hizo lo propio y en seguida me dijo que no era un lugar apropiado para beber. Y yo que creí que nos estaban interviniendo por nuestras románticas escenas.
Como un tonto me había olvidado que también habíamos comprado unas cervezas, la verdad no habíamos consumido aun ni la mitad de nuestras respectivas latas. Y al acordarme de eso, procedí a mostrarle el ticket de compra y las otras cuatro latas de cerveza, aun vírgenes, indicándole al mismo tiempo que la sed nos había ganado y por eso bebimos pero que las habíamos comprado para llevarlas a una reunión a la que nos dirigíamos. No noté al efectivo policial muy convencido, así que ensayé otro argumento y pasé a indicarle que si nos habíamos detenido camino a nuestra reunión era porque no nos podíamos perder el magnífico espectáculo que ofrece el atardecer desde aquel mirador donde nos encontrábamos parados en ese momento. El gendarme me miró con sorpresa, abriendo los ojos y nos indicó que esa era la única excusa que nos podía salvar de ser fichados. Había dado en el clavo, nadie se puede resistir a las ventajas que ofrece un mirador.
Uncategorized Patrick on 30 Aug 2007
LIBERACION MASCULINA
Casi siempre las áreas del inmobiliario están bien delimitadas. El jardín exterior comienza en la vereda de la calle y llega hasta la puerta de ingreso del inmueble. El garaje puede empezar en la vereda y terminar en nuestro patio interior. La sala de la casa arranca en la puerta de ingreso y termina en el jardín interior. Las habitaciones parten de una escalera en la planta baja y se agrupan en el segundo piso. Los baños son independientes. Pero sucede algo especial con la cocina ya que no está muy delimitada que digamos. No digo que esta cumpla otras funciones fuera de su construcción sino que los personajes que le dan vida han cambiado de un tiempo a esta parte. Hasta hace diez años aproximadamente era raro ver a un hombre en la cocina y cinco años más atrás en el tiempo quién se iba a imaginar que los cocineros masculinos iban a dominar la primera escena de la televisión. No señor. Los hombres que cocinaban generalmente estaban tras puerta, refugiados en un pequeño restaurante o como máximo friendo un huevo aunque suene muy machista la frase.
Y esto hablando de la cultura occidental porque si uno se fija en las películas por ejemplo, muchas veces encontramos escenas que discurren en un barrio chino donde el restaurante de comida típica de ese país tiene su asentamiento y los cocineros generalmente son orientales de gran contextura que, sartén en mano, preparaban las comidas en tugurizadas cocinas. Recuerdo una película reciente,
La Roca, con el otrora agente 007 Sean Connery y Nicolas Cage en los papeles protagónicos. El primero de ellos era un antiguo convicto que gracias a su habilidad logra escapar. Por su parte Nicolas Cage es el agente del FBI que va en busca que capturarlo y en una de esas escenas irrumpen violentamente en una cocina, al parecer de un hotel. Ahí se ve un regordete de origen asiático que al parecer es el jefe de cocina al mando de otros tantos cocineros. Esos eran los antecedentes del hombre que cocina. Sin embargo la situación ahora es distinta y muchos hombres optan por dedicar su vida incluso a favor de las artes culinarias.
Seguramente muchos de ustedes tienen un familiar o amigo o, al menos, conocido que ha decidido incursionar en este campo. Las posibilidades ahora son muchas y, el curso que en la década pasada estaba restringido a algún instituto o universidad que ofrecía el curso de Hotelería, ahora se puede realizar de manera independiente bajo títulos tan rimbombantes como Alta Cocina o Repostería Fina. Incluso un gran campo de trabajo y realización es la televisión. Cuando uno navega por la programación de la televisión por cable, difícilmente se puede completar una vuelta sin observar al menos un canal donde aparezca u representante masculino afanado en tareas de cocina. Era un espacio netamente femenino en tiempos anteriores pero no conforme con eso en las casas también el hombre ha invadido la cocina y los fines de semana generalmente se les ve enseñoreados en la cocina preparando el almuerzo familiar. Quizá sea una respuesta a la liberación femenina y su incursión en campos que habían sido de claro dominio como la política y la economía. Las fuerzas se han nivelado y cada género lucha por presentar la mayor cantidad de habilidades posibles.
Uncategorized Paul on 23 Aug 2007
EL MIRADOR
Siempre quise tener un mirador en mi casa. Bueno quizá esté exagerando un poco y me conformaría con un pequeño balcón que adorne clásicamente la fachada de mi inmobiliario. Es que las vistas siempre me han traído mucha paz interior. Auparse sobre uno de estos accesorios de la casa es realmente placentero para quien les escribe. El sólo hecho de respirar el aire de la calle, ver pasar a la gente, escuchar el ambiental que surge de la mezcla de los autos transitando con sus bocinas y motores a punto sumados a los intercambios fonéticos ininteligibles de los peatones me crea un entorno por demás inspirador. Tampoco es que esté de acuerdo con holgazanear todo el día con la vista puesta en las afueras como si de un autista se tratara, salvo que alguien sea artista y encuentre en este discurrir de imágenes inspiración para sus obras. Y ni qué decir si uno vive en un inmobiliario que tenga una vista hacia alguna extensa área verde. El aire llegaría clarísimo hacia sus pulmones y su cerebro se oxigenaría de una forma maravillosa, vería los adorables juegos de los niños jugando a atraparse unos a otros, a las parejas enamorándose en las bancas y a las mascotas pastando libres por un área natural mientras nosotros seríamos los dioses observadores de estas maravillas. Quizá también podríamos ser un punto insignificante en la maravilla universal si es que nuestro inmobiliario presentase una vista al mar, ese coloso líquido que ocupa dos tercios de nuestro planeta, proporción que misteriosamente se repite en nuestras composiciones corporales y que la ciencia no ha sabido explicar. Ver los atardeceres anaranjados desde la privacidad de un balcón debe ser fabuloso. Yo por mi parte resido en una casa que me queda lejos incluso de la calle, es una casa muy acogedora que se abre paso hacia el centro de mi manzana y tiene ventanales altos, puedo mirar el cielo pero no la calle. Por esto siempre tuve la tendencia a dar largos paseos, muchas veces in sentido por las calles del vecindario parando en los parques y contemplando las escenas que allí se llevaban a cabo.
Por otra parte siempre fui un amante del ruido del mar, del repiquetear de las olas rompiendo contra alguna formación rocosa por cortesía de la naturaleza. Confundirme con ese olor indescriptible, mezcla de brisa marina y aire puro y sentarme a orillas del mar a oír cantar gaviotas y ver revolotear algunos pelícanos preocupados en localizar distraídos peces. No siempre me ponía a ras de mar, algunas veces optaba por dar paseos por un malecón alto y de rato en rato observar el acantilado. Es en uno de estos paseos por la costa que me sucedió un hecho anecdótico. Iba acompañado de mi pareja que disfrutaba tanto o más que yo estos paseos al aire libre, libres de impuestos. El verano estaba en pleno y nos vestimos con ropa ligera, unos pantalones cortos y un polo por mi parte, ella llevaba unos jeans ligeros y un hermoso polo escotado. Salimos de la casa muy despreocupados y empezamos a caminar. Nos tomaría poco más de treinta minutos llegar al malecón, pero antes nos detuvimos a comprar unas cervezas en un supermercado. Afortunadamente un día de semana y pudimos hacer las compras rápido. Ya con las seis latas personales de cervezas reemprendimos la marcha, faltaría una hora aproximadamente para el ocaso.
Y llegamos de la mano hasta el malecón, pudimos sentir con mayor claridad la brisa marina y los frenéticos trinos de las aves que ya se agolpaban sobre los árboles que adornaban el malecón. Casi todas las bancas del pequeño parque se encontraban ocupadas por parejas, sólo en una de ellas había espacio junto a un anciano que, jorobado, leía un libro con mucha atención. Definitivamente no íbamos a tener ninguna privacidad ninguno de los tres, si es que decidíamos “acompañarlo” así que simplemente decidimos pegarnos al muro que nos separaba del acantilado que conducía a la playa. Ahí juntos disfrutamos de la poca luz solar que quedaba, mientras veíamos que la gran bola naranja se asentaba sobre el horizonte. A veces yo quedaba de espaldas al inmenso océano permitiendo que mi pareja disfrutara del espectáculo y a veces ella me cedía el privilegio pero lo mejor era cuando la rodeaba con mis brazos y juntos compartíamos el magnánimo atardecer. Y en eso estábamos cuando la impertinencia tenía que interrumpir la escena.
Uncategorized Patrick on 15 Aug 2007
NO ES EL CARTERO Y ESPERO QUE NO LLAME DOS VECES
¿Cómo reaccionar cuando se recibe una visita inesperada? A veces tocan el timbre de nuestro inmobiliario y nos topamos con que es un amigo que viene de visita. Ya en medio de esa situación no nos queda más remedio que hacerlo pasar aunque nuestros planes fueran otros en esos momentos. Si es amigo de la familia con mucha mayor razón la cortesía debe superar cualquier afán personal que uno haya tenido en esos momentos. ¿Pero que sucede cuando la visita es en verdad inesperada? Me refiero a que es alguien que no es precisamente nuestro amigo. Tampoco es un vendedor o algún encuestador. Es un término medio, un conocido de nosotros pero que supuestamente no tenía nuestra dirección exacta ¿Qué pensamos? Esta situación me sucedió el fin de semana pasado. Serían aproximadamente las cuatro de la tarde del domingo cuando el timbre del inmobiliario sonó. Por fin llegó el técnico pensé, ya que el arreglo de la computadora se había estado posponiendo semana tras semana. Yo lo escuché desde la soledad del sanitario y al poco escuchaba “Patrick, te busca César”. Mi mente trataba de ubicar un César, el primer resultado que mi memoria arrojó fue mi antiguo jefe que llevaba ese nombre, pero imposible, es un hombre muy ocupado y no tenía la dirección de la casa de mi pareja que era donde yo me encontraba como todos los fines de semana. Busqué de nuevo en mi mente y el siguiente resultado que obtuve fue un amigo de la época de la escuela, imposible, no lo veía hacía 15 años o más y no éramos precisamente unidos en el colegio. Ahí se agotaron mis posibilidades, no conocía a ningún otro César, al menos cercano. Inútilmente trataba de buscar más resultados en mi menoría a sabiendas que no lo encontraría, y en ese proceso estaba, cuando oí una voz conocida que hacía su ingreso a la casa, por la conversación que tenía la “voz” con mi pareja deduje rápidamente de quién se trataba, lo único que faltaba resolver era el por qué de su ciertamente inesperada visita.
Como digo eran aproximadamente las cuatro de la tarde, casi recién terminábamos de almorzar. Estábamos en la casa de mi pareja como todos los fines de semana. Ella se encontraba recogiendo los platos mientras yo acudía al sanitario a resolver una emergencia. Y cuando oí la voz y más aun la conversación de la “voz” con mi pareja que le abrió la puerta supe de quien se trataba. Era la ex pareja de una amiga de los años de escuela de mi novia. Me pregunté qué se le ofrecía y me apuré en lo que estaba haciendo para salir a su encuentro. Cuando salí ya estaba sentado en la sala conversando con mi novia y el tema era justamente la reciente separación de su pareja. Ya conocía a ese César, lo había visto en un par de reuniones y me caía bien. Era escritor, un gran conversador y mi tocayo zodiacal, teníamos mucha afinidad y seguramente por eso acudió a buscarme, pese a no tener una amistad construida. Era un hombre solitario pero tan vulnerable como un conejo, necesitaba contarle a alguien cómo se sentía, intercambiar opinión. Qué mejor que nosotros ya que nuestra fórmula de relación había dado muy buenos resultados los últimos cuatro años. De lunes a viernes cada uno vive en su respectiva casa y los fines de semana convivimos juntos y ocasionalmente nos vemos algunos días entre semana cuando el destino así lo dispone. Él nos confesó que aplicaba nuestra fórmula pero los problemas con su pareja empezaron cuando decidieron vivir juntos. Un desgaste normal, pensé en voz alta, debido al acelerado ritmo de vida actual. Hay demasiadas cosas que hacer y a veces la pareja se siente relegada. Al ser escritor, César necesita su propio espacio, aislarse y abstraerse del contexto del hogar para obtener su propia inspiración y volcarla sobre sus escritos. Nos contaba que eso era materialmente imposible en la figura de una convivencia diaria y que por eso habían decidido separarse momentáneamente. Estaba claro quien era el que iba a dar el primer paso en busca de la reconciliación y aun queda por resolver el misterio de cómo dio con la ubicación de la dirección, estaremos atentos.