Monthly ArchiveAugust 2007
Uncategorized Patrick on 30 Aug 2007
LIBERACION MASCULINA
Casi siempre las áreas del inmobiliario están bien delimitadas. El jardín exterior comienza en la vereda de la calle y llega hasta la puerta de ingreso del inmueble. El garaje puede empezar en la vereda y terminar en nuestro patio interior. La sala de la casa arranca en la puerta de ingreso y termina en el jardín interior. Las habitaciones parten de una escalera en la planta baja y se agrupan en el segundo piso. Los baños son independientes. Pero sucede algo especial con la cocina ya que no está muy delimitada que digamos. No digo que esta cumpla otras funciones fuera de su construcción sino que los personajes que le dan vida han cambiado de un tiempo a esta parte. Hasta hace diez años aproximadamente era raro ver a un hombre en la cocina y cinco años más atrás en el tiempo quién se iba a imaginar que los cocineros masculinos iban a dominar la primera escena de la televisión. No señor. Los hombres que cocinaban generalmente estaban tras puerta, refugiados en un pequeño restaurante o como máximo friendo un huevo aunque suene muy machista la frase.
Y esto hablando de la cultura occidental porque si uno se fija en las películas por ejemplo, muchas veces encontramos escenas que discurren en un barrio chino donde el restaurante de comida típica de ese país tiene su asentamiento y los cocineros generalmente son orientales de gran contextura que, sartén en mano, preparaban las comidas en tugurizadas cocinas. Recuerdo una película reciente,
La Roca, con el otrora agente 007 Sean Connery y Nicolas Cage en los papeles protagónicos. El primero de ellos era un antiguo convicto que gracias a su habilidad logra escapar. Por su parte Nicolas Cage es el agente del FBI que va en busca que capturarlo y en una de esas escenas irrumpen violentamente en una cocina, al parecer de un hotel. Ahí se ve un regordete de origen asiático que al parecer es el jefe de cocina al mando de otros tantos cocineros. Esos eran los antecedentes del hombre que cocina. Sin embargo la situación ahora es distinta y muchos hombres optan por dedicar su vida incluso a favor de las artes culinarias.
Seguramente muchos de ustedes tienen un familiar o amigo o, al menos, conocido que ha decidido incursionar en este campo. Las posibilidades ahora son muchas y, el curso que en la década pasada estaba restringido a algún instituto o universidad que ofrecía el curso de Hotelería, ahora se puede realizar de manera independiente bajo títulos tan rimbombantes como Alta Cocina o Repostería Fina. Incluso un gran campo de trabajo y realización es la televisión. Cuando uno navega por la programación de la televisión por cable, difícilmente se puede completar una vuelta sin observar al menos un canal donde aparezca u representante masculino afanado en tareas de cocina. Era un espacio netamente femenino en tiempos anteriores pero no conforme con eso en las casas también el hombre ha invadido la cocina y los fines de semana generalmente se les ve enseñoreados en la cocina preparando el almuerzo familiar. Quizá sea una respuesta a la liberación femenina y su incursión en campos que habían sido de claro dominio como la política y la economía. Las fuerzas se han nivelado y cada género lucha por presentar la mayor cantidad de habilidades posibles.
Uncategorized Paul on 23 Aug 2007
EL MIRADOR
Siempre quise tener un mirador en mi casa. Bueno quizá esté exagerando un poco y me conformaría con un pequeño balcón que adorne clásicamente la fachada de mi inmobiliario. Es que las vistas siempre me han traído mucha paz interior. Auparse sobre uno de estos accesorios de la casa es realmente placentero para quien les escribe. El sólo hecho de respirar el aire de la calle, ver pasar a la gente, escuchar el ambiental que surge de la mezcla de los autos transitando con sus bocinas y motores a punto sumados a los intercambios fonéticos ininteligibles de los peatones me crea un entorno por demás inspirador. Tampoco es que esté de acuerdo con holgazanear todo el día con la vista puesta en las afueras como si de un autista se tratara, salvo que alguien sea artista y encuentre en este discurrir de imágenes inspiración para sus obras. Y ni qué decir si uno vive en un inmobiliario que tenga una vista hacia alguna extensa área verde. El aire llegaría clarísimo hacia sus pulmones y su cerebro se oxigenaría de una forma maravillosa, vería los adorables juegos de los niños jugando a atraparse unos a otros, a las parejas enamorándose en las bancas y a las mascotas pastando libres por un área natural mientras nosotros seríamos los dioses observadores de estas maravillas. Quizá también podríamos ser un punto insignificante en la maravilla universal si es que nuestro inmobiliario presentase una vista al mar, ese coloso líquido que ocupa dos tercios de nuestro planeta, proporción que misteriosamente se repite en nuestras composiciones corporales y que la ciencia no ha sabido explicar. Ver los atardeceres anaranjados desde la privacidad de un balcón debe ser fabuloso. Yo por mi parte resido en una casa que me queda lejos incluso de la calle, es una casa muy acogedora que se abre paso hacia el centro de mi manzana y tiene ventanales altos, puedo mirar el cielo pero no la calle. Por esto siempre tuve la tendencia a dar largos paseos, muchas veces in sentido por las calles del vecindario parando en los parques y contemplando las escenas que allí se llevaban a cabo.
Por otra parte siempre fui un amante del ruido del mar, del repiquetear de las olas rompiendo contra alguna formación rocosa por cortesía de la naturaleza. Confundirme con ese olor indescriptible, mezcla de brisa marina y aire puro y sentarme a orillas del mar a oír cantar gaviotas y ver revolotear algunos pelícanos preocupados en localizar distraídos peces. No siempre me ponía a ras de mar, algunas veces optaba por dar paseos por un malecón alto y de rato en rato observar el acantilado. Es en uno de estos paseos por la costa que me sucedió un hecho anecdótico. Iba acompañado de mi pareja que disfrutaba tanto o más que yo estos paseos al aire libre, libres de impuestos. El verano estaba en pleno y nos vestimos con ropa ligera, unos pantalones cortos y un polo por mi parte, ella llevaba unos jeans ligeros y un hermoso polo escotado. Salimos de la casa muy despreocupados y empezamos a caminar. Nos tomaría poco más de treinta minutos llegar al malecón, pero antes nos detuvimos a comprar unas cervezas en un supermercado. Afortunadamente un día de semana y pudimos hacer las compras rápido. Ya con las seis latas personales de cervezas reemprendimos la marcha, faltaría una hora aproximadamente para el ocaso.
Y llegamos de la mano hasta el malecón, pudimos sentir con mayor claridad la brisa marina y los frenéticos trinos de las aves que ya se agolpaban sobre los árboles que adornaban el malecón. Casi todas las bancas del pequeño parque se encontraban ocupadas por parejas, sólo en una de ellas había espacio junto a un anciano que, jorobado, leía un libro con mucha atención. Definitivamente no íbamos a tener ninguna privacidad ninguno de los tres, si es que decidíamos “acompañarlo” así que simplemente decidimos pegarnos al muro que nos separaba del acantilado que conducía a la playa. Ahí juntos disfrutamos de la poca luz solar que quedaba, mientras veíamos que la gran bola naranja se asentaba sobre el horizonte. A veces yo quedaba de espaldas al inmenso océano permitiendo que mi pareja disfrutara del espectáculo y a veces ella me cedía el privilegio pero lo mejor era cuando la rodeaba con mis brazos y juntos compartíamos el magnánimo atardecer. Y en eso estábamos cuando la impertinencia tenía que interrumpir la escena.
Uncategorized Patrick on 15 Aug 2007
NO ES EL CARTERO Y ESPERO QUE NO LLAME DOS VECES
¿Cómo reaccionar cuando se recibe una visita inesperada? A veces tocan el timbre de nuestro inmobiliario y nos topamos con que es un amigo que viene de visita. Ya en medio de esa situación no nos queda más remedio que hacerlo pasar aunque nuestros planes fueran otros en esos momentos. Si es amigo de la familia con mucha mayor razón la cortesía debe superar cualquier afán personal que uno haya tenido en esos momentos. ¿Pero que sucede cuando la visita es en verdad inesperada? Me refiero a que es alguien que no es precisamente nuestro amigo. Tampoco es un vendedor o algún encuestador. Es un término medio, un conocido de nosotros pero que supuestamente no tenía nuestra dirección exacta ¿Qué pensamos? Esta situación me sucedió el fin de semana pasado. Serían aproximadamente las cuatro de la tarde del domingo cuando el timbre del inmobiliario sonó. Por fin llegó el técnico pensé, ya que el arreglo de la computadora se había estado posponiendo semana tras semana. Yo lo escuché desde la soledad del sanitario y al poco escuchaba “Patrick, te busca César”. Mi mente trataba de ubicar un César, el primer resultado que mi memoria arrojó fue mi antiguo jefe que llevaba ese nombre, pero imposible, es un hombre muy ocupado y no tenía la dirección de la casa de mi pareja que era donde yo me encontraba como todos los fines de semana. Busqué de nuevo en mi mente y el siguiente resultado que obtuve fue un amigo de la época de la escuela, imposible, no lo veía hacía 15 años o más y no éramos precisamente unidos en el colegio. Ahí se agotaron mis posibilidades, no conocía a ningún otro César, al menos cercano. Inútilmente trataba de buscar más resultados en mi menoría a sabiendas que no lo encontraría, y en ese proceso estaba, cuando oí una voz conocida que hacía su ingreso a la casa, por la conversación que tenía la “voz” con mi pareja deduje rápidamente de quién se trataba, lo único que faltaba resolver era el por qué de su ciertamente inesperada visita.
Como digo eran aproximadamente las cuatro de la tarde, casi recién terminábamos de almorzar. Estábamos en la casa de mi pareja como todos los fines de semana. Ella se encontraba recogiendo los platos mientras yo acudía al sanitario a resolver una emergencia. Y cuando oí la voz y más aun la conversación de la “voz” con mi pareja que le abrió la puerta supe de quien se trataba. Era la ex pareja de una amiga de los años de escuela de mi novia. Me pregunté qué se le ofrecía y me apuré en lo que estaba haciendo para salir a su encuentro. Cuando salí ya estaba sentado en la sala conversando con mi novia y el tema era justamente la reciente separación de su pareja. Ya conocía a ese César, lo había visto en un par de reuniones y me caía bien. Era escritor, un gran conversador y mi tocayo zodiacal, teníamos mucha afinidad y seguramente por eso acudió a buscarme, pese a no tener una amistad construida. Era un hombre solitario pero tan vulnerable como un conejo, necesitaba contarle a alguien cómo se sentía, intercambiar opinión. Qué mejor que nosotros ya que nuestra fórmula de relación había dado muy buenos resultados los últimos cuatro años. De lunes a viernes cada uno vive en su respectiva casa y los fines de semana convivimos juntos y ocasionalmente nos vemos algunos días entre semana cuando el destino así lo dispone. Él nos confesó que aplicaba nuestra fórmula pero los problemas con su pareja empezaron cuando decidieron vivir juntos. Un desgaste normal, pensé en voz alta, debido al acelerado ritmo de vida actual. Hay demasiadas cosas que hacer y a veces la pareja se siente relegada. Al ser escritor, César necesita su propio espacio, aislarse y abstraerse del contexto del hogar para obtener su propia inspiración y volcarla sobre sus escritos. Nos contaba que eso era materialmente imposible en la figura de una convivencia diaria y que por eso habían decidido separarse momentáneamente. Estaba claro quien era el que iba a dar el primer paso en busca de la reconciliación y aun queda por resolver el misterio de cómo dio con la ubicación de la dirección, estaremos atentos.
Uncategorized Patrick on 12 Aug 2007
VEN Y VIVE LA MONTAÑA RUSA
Ya hace un tiempo un vecino me comentó que estaba buscando un departamento para mudarse pero tenía un requerimiento muy particular. Buscaba un inmobiliario que de preferencia se encontrara al interior de un condominio aunque podía ser flexible y aceptar uno que se encontrara en un edificio, pero eso sí, que el apartamento no quedara muy lejos del primer piso. El de por sí ya le tiene miedo a las alturas y no le gustaría asomarse por la ventana de un apartamento que se encuentre localizado en un cuarto o quinto piso o incluso más arriba.
Su acrofobia había empezado a los ocho años de edad cuando sus padres lo llevaron aun parque de diversiones y tuvieron la infeliz idea de subirse a la famosa Montaña Rusa. Como todos sabemos este juego mecánico es no apto para cardiacos y la verdad tampoco lo debería ser para niños. Yo tuve la oportunidad de subirme a uno de estos juegos pero ya de grande y la verdad al poco me arrepentí de la decisión. Uno acudía con emoción a estos parques de diversiones con la idea de pasarla bien con los amigos. Recuerdo que tenía aproximadamente 18 años y disfrutaba de la estancia fuera de la escuela. Con emoción mis amigos y yo hicimos nuestra respectiva fila en la boletería para obtener nuestro ticket a
la Montaña Rusa, una vez conseguido este nos dirigimos presurosos a reclamar nuestra ubicación en los asientos respectivos. El acomodador nos sonrió maliciosamente al tiempo que nos invitaba a superar la reja de seguridad que nos separaba del juego mecánico, fue como un presagio que no supimos ver. Ya dispuestos en nuestros respectivos asientos solo nos respetaba esperar a que los demás asientos se llenen para partir y es que nosotros, olvidé mencionarlo, fuimos los primeros en llegar, afortunadamente no tuvimos que esperar mucho y a los pocos minutos el “viaje” comenzaba. Lo primero que se reconoce es el ruido de la carrocería contra los rieles y el corazón empieza a acelerar, unas tímidas curvas primero y después empezamos lentamente a tomar altura, más lento, más lento, casi desaceleramos por completo hasta llegar a una breve meseta para después aparecer en una caída prácticamente libre, es ahí cuando el miedo se desboca. La sarta de vagones empieza a vibrar y el viento te sopla directamente en la cara si gritas el aire frío se mete por la garganta, si no gritas el pánico te consume y el corazón se te sale del pecho. El ruido de los rieles se hace más intenso, casi ensordecedor y se mezcla con los gritos de los pasajeros que si han decidido chillar. Tres circuitos más y tu alma vuelve al cuerpo de a pocos, te das cuenta que no has muerto y que aún puedes tocarte y ver a la gente a tu alrededor y piensas en qué estabas pensando cuando decidiste subirte a esa cosa.
Cuando recordé estas escenas comprendí lo que sentía mi vecino al acercarse al vértigo de las alturas y eso que hablamos de alturas estáticas. Si yo quede curado de las alturas a la edad de los 18 años cómo habría quedado el atormentado ser de mi vecino que experimentó uno de estos fogonazos de velocidad cuando apenas tenía ocho años de edad.
Uncategorized Paul on 08 Aug 2007
A RODAR A RODAR MI VIDA SEGUNDA PARTE
Como venía contando en mi anterior post, el primer día de academia fue temiblemente premonitorio respecto a lo que me esperaba. Mi vida de ahora en adelante se convertiría en un relojito suizo, adiós amigos y las acostumbradas reuniones de los sábados por la tarde para asistir al cine y después pasar a divertirnos al centro comercial. De la escuela a la casa, de la casa a la academia y de la academia a la casa, ese era el itinerario para los días particulares. Los fines de semana seguramente no los iba tener libre de tareas ya que a los maestros de escuela poco o nada les interesaba el que uno se haya matriculado en una de estas academias, es más, me atrevería a decir hasta que lo miraban con cierto recelo, seguramente veían vulnerada o violentada su autoestima y su pedagogía, en buena cuenta el mensaje era claro: no nos preparan lo suficientemente bien como para aprobar un examen de admisión. Y del otro lado la historia era más o menos similar en el sentido que no tenían reparos en bombardearnos de conocimientos y de tareas, sin importarles que viniéramos de una agotadora jornada escolar, eran unas máquinas y pretendían que nosotros siguiéramos sus pasos.
Y así arrancó el primer día de academia pre-universitaria. Me perdí en el espacio trigonométrico, no sabía para donde ir, preguntaba a mis compañeros pero ellos estaban muy ocupados tratando de asimilar los nuevos conocimientos o se encontraban tan perdidos como yo. Luego de esa clase vino la de aritmética, ahí respiré un poco ya que me resultaba más comprensible, menos abstracta si se quiere que la trigonometría, pero igual no me confié, debía estar atento, una distracción y podía perder el paso y luego para recuperarlo….En seguida vino la clase de Historia Universal, fue muy gracioso porque el profesor que nos tocó era un desgarbado, vestía pantalón de tela un tanto percudido y una camisa igualmente ajada y pésimamente planchada, sus cabellos eran lacios y caían desordenadamente por la frente, las barbas estaban muy crecidas. Digo que fue muy gracioso porque lo primero de lo que se puso a hablar fue de las sociedades primitivas y el parecía salido de una de esas historias en las que el hombre utilizaba sus primeras herramientas. A continuación vino la clase de razonamiento matemático como para no alejarnos de los números, los miedos volvieron. El profesor de este curso nos hizo entrega de un buen bodoque de separatas con una serie de figuritas y dibujos raros, muchas puntos y líneas, por un momento pensé que se había equivocado y nos había entregado el manual de un curso de telegrafía o taquigrafía. El día finalmente terminó con la clase de Física, ese si que fue un sufrimiento innecesario, sólo vendrían tres preguntas en el examen de admisión sin embargo nos machacaron como si fuésemos a postular a
la NASA. A eso de las nueve de la noche al fin hasta nuestros oídos llegó un sonido dulce, se trataba del timbre que anunciaba la finalización del día de clases en la academia. Prácticamente nos pusimos de pie al unísono y recogiendo nuestras cosas como pudimos salimos en tropel del aula atropellándonos unos a otros, era el escape de la sala de torturas. Ya en la calle, camino a casa me preguntaba una y otra vez que iría a pasar en los días sucesivos, digo si así nos recibieron, qué otras sorpresas nos aguardaban, preferí apartar esos pensamientos de mi mente y seguí avanzando rumbo a mi inmobiliario. Ahí encontraría la paz que tanto necesitaba en esos momentos, pero no sería inmediatamente. Lo había olvidado, me esperaba la tarea que me habían dejado en la escuela para el día siguiente, una serie de problemas matemáticos y los avances clásicos en las asignaciones sin mencionar los controles de lectura que eran cosa de todas la semanas. Mejor ni recordar que en la academia también nos habían agasajado con una serie de tareas para los días siguientes además de recomendarnos ciertas lecturas. Mi teoría es que los profesores creen y creerán que los días constan de 50 horas o más, eso le correspondería a un planeta de mayores dimensiones.